El campeón de campeones: John Cena vs Randy Orton en TLC

El campeón de campeones: John Cena vs Randy Orton en TLC

Lo habías ganado todo. Todo. Ahora, tenías un nuevo reto: ser el campeón indiscutido de los pesos pesados de la WWE y competías con tu eterno rival: Randy Orton, el mismo que lo había ganado todo también y que le faltaba lo mismo que a ti: ser el campeón de campeones.

I hear voices in my head…” entró Randy. La gente ovacionó tibiamente, su personalidad acanallada no permitió que sea aplaudido por quien se considera una persona justa. Era un domingo 15 de diciembre en el evento Tables, Ladders and Chairs. El reloj apuntaba las 22 horas con 30 minutos en este lado del mundo. Parafraseando a los astronautas: Houston, tenemos una lucha con mesas, escaleras y sillas por los campeonatos mundiales. Sin descalificación, sin piedad, sin misericordia, por la gloria, por el oro, por el campeonato. Y el centro del mundo fue en ese momento el ring situado en el Toyota Center de Houston, Texas.

Se escuchó el mixeo de metales, discos y sonidos, “prprprprprprprp…. Your time is up, my time is now, you can’t see me, my time is now…” mientras corrías hacia el ring, la gente gritaba, te celebraba. Como siempre, obsequiaste tu polo a un niño y aventaste tu gorra para la suerte de un fanático.

“La siguiente es una lucha que incluye mesas, escaleras y sillas por el campeonato de la WWE y el campeonato pesado. El primero que consiga coger los cinturones colgados arriba del ring será considerado el campeón de campeones. Presentando primero, de San Luis, Misouri, con 245 libras, el máximo depredador, el campeón de la WWE: Randy Ooooorton. El oponente, de West Newbury, Massachusetts, con 251 libras, el campeón mundial pesado: John Ceeeeeena.

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Cada uno es una esquina, ambos cinturones de los campeonatos colgando en el centro del ring y a los pocos segundos de iniciar la lucha se empezó a escuchar: Let’s go Cena! Cena sucks! Siempre se escucha, otras veces más, otras menos, pero siempre las escuchas John. Ese cántico la debes de tener todo el día en tu cabeza. Sabes que los niños y cierto sector femenino te aprecian, pero que los seguidores del verdadero wrestling no te aprueban hasta ahora como luchador.

El primer forcejeo lo ganaste tú, lo llevaste a la esquina para luego aventarlo a la lona con un fuerte candado a la cabeza, cuando intentó zafarse lo tacleaste. Tienes más fuerza, más masa muscular, pretendías verte dominador y por eso intentaste hacerte con una mesa, Randy te pegó más fuerte y él se hizo con una escalera.

¿Qué pasaba por tu mente en esos primeros minutos, Cena? Tú golpeaste primero con una escalera. Tú armaste primero una mesa dentro del ring para amedrentar a tu oponente. Tú tomaste la iniciativa de ataque. Él, sigilosamente, se fue despertando, te empezó a cazar, te dio fuerte en la espalda y en el pecho con una silla y te persiguió. Uno, dos golpes más, fuertes en la espalda, para que mientras tú mostrabas tu rostro lleno de dolor intentado ponerte de pie, Orton se burlaba: No me puedes ver, pequeño John. Parecía decir mientras imitaba tu movimiento de mano delante del rostro. El público lo aplaudió.

Tu contraataque fue rápido, despiadado, más violento. No te bastó golpear con la silla, sino que fuiste a buscar una mesa, pero no llegaste a concretar tu plan de romperla con el cuerpo de Orton. Nuevamente: Let’s go Cena! Cena sucks! Let’s go Cena! Cena sucks! Aventado contra las escaleras de metal que yacen en las esquinas del ring, mientras te retorcías de dolor, Orton subía por unas escaleras que él mismo puso en el centro del ring para poder descolgar los campeonatos. Se lo impediste rápidamente, pero, una vez más, Orton tuvo mejor reacción y mientras él estaba de pie, atacándote, disminuyendo tus fuerzas, tú estabas en la lona, soportando. El público sencillamente: Let’s go Cena! Cena sucks! Let’s go Cena! Cena sucks! Let’s go Cena! Cena sucks!

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La lucha siguió. Las más de 14 mil personas presentes en la arena estaban enganchadas con el combate. Desde un inicio todo fue vertiginoso, contundente. El público solo se mete contigo, quieren que ganes, quieren que pierdas. Pierde de una vez y deja de ser ese maldito superman que de alguna manera tiene que ser siempre el vencedor. Gana de una vez y demuestra que eres la verdadera cara de la WWE. Total, cualquiera de las dos fórmulas será buena para los negocios.

El subió y acarició los títulos con sus manos, tú impediste su victoria nuevamente. Él desplomado y tú, luego de hacer tu clásico movimiento: no me puedes ver, le diste un sabroso emparedado de nudillos en toda la frente. Él mareado y tú con la escalera como arma lo golpeaste en el pecho. Él cayó y rompió una mesa –la misma que armaste varios minutos atrás- y tú celebraste con el público la pequeña hazaña. La victoria se veía cerca, pero sin que te dieras cuenta, Orton se recuperó intento tumbar la escalera en la que ya estabas montada a dos segundos de descolgar los campeonatos. Al caer, te aplicó un RKO. Ambos ya cansados y bastante dañados y recién a los primeros diez minutos de lucha. 

Cena, tú lo atacaste con las escaleras que yacen en las esquinas del ring en dos ocasiones, lo hiciste sangrar. Él, en cambio, te pegó 14 veces con un micrófono en la cabeza. Pero, tú aguantas, tú resistes, tú te sobrepones. Luego que Orton frenó su ataque para calcular como te iba a castigar, al decidir, tú esta vez lo frenaste y rompiste la mesa de los comentaristas en español con su cuerpo. Segunda mesa que rompías con su cuerpo en esa lucha. Un ajuste de actitud bien aplicado para que mientras él se consumiera en su dolor, tú descansaras tumbado en el piso.

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La victoria era tuya Cena. Te pusiste de pie, armaste tu escalera en medio del ring, acariciaste ambos campeonatos con ambas manos, pero La Víbora es tan aguerrido como tú y no te la puso tan fácil. Tu persistencia hizo que te quedaras a su merced colgado del arnés que sostenía los campeonatos. Eras una piñata sin dulces. Fuiste la piñata de Orton. De un silletazo fuiste al piso, con cuatro silletazos más creyó controlarte, y en el remate tu reacción fue levantarlo en peso, como cuando se pelea en la calle, y rompiste una tercera mesa con la ya desgraciada espalda de tu contrincante.

Y allí empezó la inclinación de la balanza. Todo estaba parejo. La lucha era para cualquiera, pero pudo más la astucia – o la trampa- de quien con su cuerpo maltrecho se arrastró fuera del ring hasta una de las esquinas, buscó algo bajo la protección del piso y lo encontró. Mientras tú te preocupabas por recuperar fuerzas, Orton halló unas esposas y te apresó la muñeca a la primera cuerda que bordea el ring. La suerte estaba echada y tú ya no podías hacer nada.

Pero, ¿cuándo fue la última vez que te rendiste? Mientras que Orton subía el primer, segundo, tercer, cuarto, quinto peldaño de la escalera en su ascenso a la victoria, tu desarmaste una esquina, para ser precisos, la parte donde se engancha la cuerda. Esposado, cargando tu cuerda, atacaste a Orton para impedir su victoria. El público gritando. Orton al piso y tú enredado con la cuerda que no te permitía maniobrar con facilidad tu mano izquierda para descolgar los cinturones de los campeonatos. 

Un último forcejeo. Orton, la victoria no se te podía escapar de las manos. Cena siempre bajo los reflectores, no le podías permitir ganar. Jalaste desde abajo la cuerda en la que lo esposaste con ambas manos, él aguantaba con una sola. Bastó un último esfuerzo, un último jalón y la cara de Cena se fue directo a rompes el borde una mesa que estuvo desde casi el inicio del combate acomodado en una esquina esperando una víctima.

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Subiste rápidamente las escaleras, miraste a todos lados y cuando tomaste el arnés con una mano, te diste tu tiempo. Diez segundos mirando el campeonato, pensado: ya lo logré, es mía la victoria. Otros diez segundos en subir una mano hasta el gancho que sujetaba los cinturones, la gente en sus casas mirando la lucha por televisión, la gente en el Toyota Center y los espectadores que se colgaron de una señal de internet pensaban: ¿por qué te demoras tanta? Gana ya de una vez. ¡Apúrate! Pero tú disfrutaste el momento a tu antojo.

Cena inconsciente, sin atinar a moverse. El mundo se detuvo, la emoción colapsó. Era una habitación oscura en la que solo existía una escalera, un sujeto con los brazos tatuados y dos campeonatos que fueron descolgados lentamente. Todo se iluminó, Orton sosteniendo ambos cinturones con su mano derecha, al sonido de la campana, era declarado el campeón de campeones. “I hear voices in my head, they council me, they understand, they talk to me… “. Aquí tenemos al campeón de campeones: ¡Randyyyyy Ooooooorton!

No pudiste Cena. Tú te quedaste mirando con la misma cara de desolación cómo cuando perdiste contra The Rock en Wrestlemania 28. Mirabas cansado y desconcertado como Orton celebraba y era felicitado por los McMahon. Pensabas: ese aplaudido pude ser yo, ese campeón pude ser yo y no lo soy. ¿Quieres llorar acaso? ¿Es que no tuvo que ser así? ¿Aún no lo crees?

Ahora, la lucha que le prometiste a Daniel Bryam por los campeonatos ¿Será contra Orton? Tendrás tu revancha Cena, no eres un luchador extraordinario, estás lejos de ser el mejor, no eres ni muy querido, pero tienes algo que todos respetan: trabajas duro como nadie para sacar adelante a la WWE y por eso tendrás tu revancha, por eso y porque todo gran campeón siempre le queda una gran lucha más que dar.  

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(Fotos: wwe.com)

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